Mediante investigaciones científicas
se ha demostrado que, en las zonas geográficas
donde estos ácidos se encuentran muy presentes
en la alimentación cotidiana, los niveles
de arteroesclerosis y las enfermedades cardiovasculares
son apenas existentes. El análisis de la
alimentación de esas zonas llevó a
la conclusión de que los elementos en común
de esas dietas regionales, los ácidos grasos
Omega 3 y 6, son los responsables de tales virtudes.
Los
ácidos grasos producen un efecto de disminución
de los niveles de colesterol y triglicéridos,
y a su vez reducen la agregación plaquetaria
en las arterias. Esto implica que las plaquetas
que circulan en sangre no se adhieren unas con otras,
previniendo así la formación de coágulos.
Entre
otras funciones del Omega-3 se destaca su intervención
en la formación de las membranas de las células;
conforman la mayor parte de los tejidos cerebrales
siendo que las células nerviosas son ricas
en ácidos grasos Omega-3; y se convierten
en prostglandinas, sustancias con un papel importante
en la regulación de los sistemas cardiovascular,
inmunológico, digestivo, reproductivo y que
tienen efectos antinflamatorios.
Los
ácidos grasos Omega 3 son grasas poliinsaturadas
que aparecen como aceites. Linoléicos los
omega 3, y linoleicos y araquidónicos los
omega 6. Como EPA y DHA en pescados y mariscos.
Los
ácidos grasos Omega 3 se encuentran en altas
concentraciones en los pescados, y en menor proporción
semillas y aceites vegetales como lino, soja, zapallo
y nueces. Su consumo reduce los niveles séricos
de colesterol, de TAG, el daño isquémico
consecutivo al ataque cardiaco y accidentes cerebro
vasculares por reducir la viscosidad de la sangre
y la presión arterial.
Se
recomienda comer pescado con un contenido elevado
de ácidos grasos omega-3 dos veces por semana
para sentir sus efectos beneficiosos para la salud.
Aunque no todos los pescados sean ricos en estos
componentes, comer diversos tipos de pescado regularmente
puede aportar cantidades considerables. El pescado
y el marisco son excelentes fuentes de proteínas
y contienen pocas grasas. Cien gramos de casi cualquier
tipo de pescado o marisco aportan unos 20 gramos
de proteínas, esto es, alrededor de una tercera
parte de la cantidad diaria recomendada. Las proteínas
del pescado son de gran calidad y contienen abundantes
aminoácidos esenciales; además, se
trata de un alimento fácil de digerir para
personas de todas las edades. En general, el marisco
también tiene menos calorías y grasas
que la carne de vaca, pollo o cerdo y la misma cantidad
o ligeramente inferior de colesterol. El contenido
en grasa del pescado varía según la
especie y la temporada. El marisco y el pescado
blanco (quisquillas, bogavante, mejillones, calamar,
eglefino, bacalao, platija o lenguado) tienen muy
poca grasa, menos de un 5%. El pescado azul presenta
niveles de grasa de entre 5 y 25%: la sardina y
el atún (5-10%); el arenque ahumado, las
anchoas, la caballa o el salmón (10-20%),
y la anguila (25%). Aunque el contenido en grasas
de estos pescados es más elevado, se trata
en su mayor parte de grasas insaturadas. Los productos
del mar también tienen minerales como hierro,
zinc y calcio (pescado enlatado con espinas blandas
y comestibles).
La
mejor forma de aumentar el aporte de ácidos
grasos omega-3 a nuestra dieta es consumiendo, frecuentemente,
pescados y mariscos, que contienen más ácidos
grasos omega-3 que omega-6; y aceites y semillas
ricos en ácido alfa-linolénico (precursor
de omega-3) como canola y linaza. Así, es
posible balancear los ácidos grasos de nuestro
organismo.